Santa Misa y Sacramentos

La Iglesia es fuente de gracia santificante a través de sus sacramentos, por los cuales Jesús nos abraza, nos sana, nos santifica y nos acerca a Él.

Consagración en la Santa Misa
Centro de nuestra fe

La Santa Misa

La Santa Misa es verdaderamente el mismo Sacrificio de Jesús en la Cruz, que ocurrió una sola vez en la historia y que se hace presente de forma incruenta cada vez que se celebra.

Es por ese Sacrificio de Jesús —esa gran ofrenda que Él hace al Padre entregando su vida y pidiendo por nuestra redención y nuestro perdón— por lo que nosotros podemos salvarnos.

En cada Santa Misa, Jesús vuelve a presentar al Padre Su Sacrificio por nosotros. Todo lo que somos y todo lo que vivimos está llamado a ser ofrecido junto a Cristo y recapitulado en Él.

La Santa Misa es el acto más grande que existe sobre la tierra.

Privilegio entre los privilegios

La Sagrada Comunión

Si asistir a la Santa Misa es lo más grande que una persona puede hacer en su día, el momento de la Comunión es el privilegio entre los privilegios de los que gozamos los hijos de Dios.

Recibir a todo ese Dios hecho carne, que acaba de dar su vida por nosotros; tenerlo dentro de nosotros… ¡No hay nada en esta vida más valioso que ese momento! No hay nada que un hombre pueda vivir más importante que ese momento de la Comunión.

Ese momento de recibir a Jesús no se debe hacer de cualquier manera. Hay que disponerse interior y exteriormente de la mejor forma posible: con el corazón y el alma limpios, en gracia; y exteriormente con todo el respeto y la reverencia.

«Para prepararse a recibir dignamente este sacramento, los fieles deben observar el ayuno prescrito por su Iglesia. La actitud corporal (gestos, vestido) debe expresar respeto, solemnidad y alegría de este momento en que Cristo se hace nuestro huésped.»— Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1387
Momento de la Sagrada Comunión
Sacramento de la Confesión
La misericordia de Dios

La Confesión

El sacramento de la Confesión es el regalo más grande que Dios nos ha dado después de la Eucaristía. En él, Cristo mismo, a través del sacerdote, nos perdona y nos devuelve la gracia santificante que recibimos por primera vez en el Bautismo.

Los Padres de la Iglesia lo llamaban «el segundo Bautismo», porque así como el Bautismo nos libró del pecado original y nos hizo hijos de Dios, la Confesión nos restaura a esa misma dignidad cada vez que la perdemos por el pecado.

«Los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia.»— Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1422

No tengas miedo de confesarte. Dios te ama y te espera.